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Reacción suscitada por el artículo de Lenier González
Construir un posible en la infinidad
, así como la respuesta del autor.

Suplemento Digital - Mayo 2008 No. 37-

Bayamo M.N., 7 de Mayo de 2008
Sr. José Ramón Pérez
Director Espacio Laical

Estimado señor:

La lectura del artículo CONSTRUIR UN POSIBLE EN LA INFINIDAD de LENIER GONZÁLEZ MEDEROS publicado en la revista que usted dirige en la sección Tema Polémico me ha hecho reflexionar muy seriamente y basado en el nombre de la sección me atrevo a enviarle mis modestas consideraciones.

Revisando la carpeta de LA POLÍTICA EN LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA del Plan de Formación Sistemática del IITD, que se cursa en varios de los centros formativos eclesiales, pude encontrar en su página 40 el señalamiento de los tres actores fundamentales de la escena de la comunidad política: la persona humana, los grupos intermedios y el Estado, como comunidad política organizada.

Con todo respeto pero creo que el autor carga una gran dosis de responsabilidad por el futuro nacional sobre los hombros del actual Presidente de Cuba. Otorga un peso excesivo al exilio y a los factores externos. No creo que eso sea ni cierto, ni correcto desde el análisis de los tres actores mencionado arriba.

Le soy sincero y confieso que su lectura dejó en mi una sensación de que nada era posible y que el guión de esta obra, mi obra también y la de mi familia, está siendo escrito por manos ajenas o lejanas, sin mucha conexión con la Cuba real que vive, sufre y sobrevive a una crisis que ya dura demasiado tiempo y a la cual no se le ve fin.

Creo que el futuro de Cuba debe estar, mucho más que sobre los hombros de un hombre, sobre los hombros de todo un pueblo al cual se le deben reconocer, facilitar y alentar las vías y medios para en difícil y azaroso contrapunteo, por un lado dar salida a todo el caudal de frustraciones y sueños pospuestos y por el otro aunar voluntades y juntarse con sus conciudadanos con los cuales coincide o discrepa pero que desean juntos, como cubanos, aportar su granito de arena en el construir nacional.

Creo que en este momento resulta de insuperable utilidad el concepto de Casa Cuba, enarbolado machaconamente por Mons. Carlos Manuel de Céspedes, y que nos permite acercarnos a la situación nacional desde la perspectiva de una familia que vive en la misma casa, con discrepancias y distintos pareceres pero con la convicción de que únicamente entre todos los miembros de la familia es posible “echar palante” como dirían los vecinos de mi ya lejana infancia santiaguera. Creo que en cada hombre y cada mujer de este pueblo hay suficientes potencialidades para hacer avanzar un proyecto común con garantías de futuro.

Por último pienso que a quién hay que convencer de la viabilidad de cualquier proyecto político es en primer lugar al ama de casa que hace malabares para poner algo en la mesa familiar y al trabajador que tiene que “inventar” para que su salario sin valor real se multiplique por vías no muy legales pero sí legítimas a fin de lograr sobrevivir junto a su familia.

Es a ellos a los que se debe permitir expresarse libremente y son ellos los que deben conocer, aceptar o rechazar cualquier proyecto de reconstrucción nacional y a los que se les deben facilitar los modos de expresar su aprobación o no.

Queda de usted, respetuosamente

Carlos Amador Rodríguez
Bayamo M.N., CUBA


respuesta del autor:

Estimado Sr. Carlos Amador Rodríguez,

José Ramón Pérez, director de Espacio Laical, me ha hecho llegar la carta que nos ha dirigido a raíz de la lectura de mi artículo Construir un posible en la infinidad, que salió publicado en la sección Tema Polémico del segundo número del presente año. Después de leer detenidamente su misiva, juzgo oportuno brindarle mis consideraciones sobre algunas de las cuestiones planteadas por usted.

El primer elemento que resulta imprescindible despejar está relacionado con el objeto de análisis de mi trabajo. Construir un posible en la infinidad intenta realizar un bosquejo de los retos que debe afrontar, en este momento crucial de nuestra historia nacional, el Presidente de la República , general Raúl Castro. Intento recrear algunas variables actuantes en el contexto nacional e internacional, su influencia sobre el sistema político y resalto la responsabilidad del primer mandatario en encauzar una gestión de gobierno que logre capitalizar esas realidades para bien del país.

El haber comprendido esto es imprescindible para poder enmarcar un campo mutuo de interacción mínimamente viable (y racional) entre emplazador y emplazado. Sinceramente, en ocasiones me da la impresión de que esa perspectiva se pierde completamente en su carta. Los planteamientos de su misiva sacan sus consideraciones del terreno de la realidad política y lo llevan al campo del deber ser, de sus más íntimos deseos, y eso, a fin de cuentas, es viajar a los predios de la irrealidad y la fantasía. Pero quizás lo más lamentable de su misiva sea el tono categórico y poco dialogante que utiliza para deslegitimar mi análisis, sin proponer fundamentos sólidos que sostengan lo afirmado por usted.

Es imprescindible que le diga que mis reflexiones están escritas sin odios ni rencores para nadie, teniendo como premisa fundamental el respeto por el otro. En este momento crucial de nuestra historia es imprescindible que los laicos católicos utilicemos una metodología de participación social que nos saque de una dialéctica confrontacional y nos recoloque en las sanas coordenadas de la fraternidad cristiana. Para ello, como siempre insiste en recordarme un gran amigo, es imprescindible decir lo correcto, en el momento correcto, de la manera correcta. De tal forma que los posibles interpelados puedan responder de manera positiva y se logre restablecer, a su vez, la confianza entre los actores sociales de nuestro país. Es en esta capacidad de amar y respetar “al otro” sin exclusiones, contra viento y marea – y a pesar de las más terribles heridas infligidas- donde reside la fuerza irresistible de la Iglesia. La construcción de lazos fraternos debe ser el mayor aporte de la Iglesia Católica en el momento presente que vive Cuba. Este espíritu de comunión -y no otro- debe ser también la brújula que guíe a una publicación que se diga católica.

A lo anterior añado que traté por todos los medios que mi exposición se ajustara lo más posible a la realidad sociológica de Cuba, sobre la base del mayor realismo político posible, intentando colocar sobre los hombros de los diferentes actores nacionales la cuota de responsabilidad que poseen realmente en la práctica. La intelectualidad, la Iglesia Católica , el exilio, la oposición, la comunidad internacional y la ciudadanía son sectores a los cuales les asigno un peso en la medida que actúan como dinamizadores sociales, en la medida que, al cumplir sus roles correspondientes en la sociedad, tienen una incidencia real sobre el sistema político.

Mis planteamientos parten de un largo y cuidadoso proceso de observación y análisis de la realidad de mi país, no de una caprichosa improvisación. Cuando usted me recrimina que coloco “una gran responsabilidad por el futuro nacional sobre los hombros del actual Presidente” en detrimento de la implicación de la ciudadanía en la solución de nuestros problemas, no hace más que crear una yuxtaposición de actores sociales que resulta artificial, cuando no irreal. El conjunto de relaciones sociales que tienen lugar entre la ciudadanía y las instancias del sistema político será siempre un vínculo tensional de mayor o menor tirantez. Esta realidad es así en todos los puntos del planeta, y como es natural, tiene peculiaridades específicas en el caso cubano.

Debemos tener presente que el peso de la ciudadanía en el actual proceso de transformaciones en el país será mayor en la medida que el gobierno articule los espacios para este fin. Personalmente no creo que hoy exista una presión de los ciudadanos sobre el sistema político que fuerce a implementar estos espacios, más bien la materialización de los mismos quedará a la iniciativa del gobierno. Este hecho parte de una realidad sociopolítica objetiva que, nos agrade o no, es constatable. Es esta percepción personal la que define el peso específico de la ciudadanía dentro de mi trabajo. Incluso, si nos detenemos a buscar formas asociativas dentro de esa ciudadanía -fuera de la llamada “sociedad civil socialista” (CDR, sindicatos, FMC, ANAP, etc.)- nos encontramos con un panorama muy reducido, circunscrito a las redes asociativas vinculadas a las logias masónicas y a las diferentes iglesias cristianas, por mencionar a las de mayor impacto social.

Por otro lado, es cierto que coloco responsabilidad sobre los hombros del primer mandatario de la nación: lo hago no solo porque en la práctica el Jefe de Estado detenta esa responsabilidad –avalada en Cuba por una práctica política que se retrotrae hasta fechas no tan recientes de nuestra historia nacional-, sino, además, porque era ese y no otro el objetivo primario de mi análisis. El objetivo y alcance de mis reflexiones quedan claramente esbozados desde el tercer párrafo de mi artículo.

Para finalizar quisiera alertar sobre algo que me parece de una importancia extrema. Es importante que no hagamos un uso reductivo y utilitario de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), cual si fuera un manual de marxismo.

Queda de usted en Cristo,
Lenier González

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Editorial

Con todos y para el bien de todos

Es conocido por todos que nuestro país se encuentra en un momento singular que demanda un replanteo universal de los ámbitos económico, cultural, jurídico y político, por solo mencionar algunos ejemplos. También se percibe que existe la conciencia suficiente acerca de la necesidad de emprender tales ajustes o cambios –como se les prefiera llamar.

Dichas transformaciones exigen estudio, una reflexión compartida y el consenso necesario, así como crear las condiciones imprescindibles para realizarlas. Todo esto, por supuesto, requiere de un tiempo que no se puede violentar.


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En este número la revista dedica el dossier al necesario tema de la economía, en el cual participan los importantes investigadores cubanos Carmelo Mesa-Lago y Pedro Monreal. La sección Búsqueda ofrece los análisis de Marifeli Pérez-Stable y Roberto Veiga González acerca del sensible asunto de la reconciliación entre cubanos. El Tema Polémico está dedicado a los retos que debe enfrentar el nuevo presidente de la República de Cuba. De las entrañas de la Isla brinda algunas consideraciones en torno al teatro cubano como forjador de la identidad nacional.

Asimismo podrán disfrutar de trabajos interesantes como: El hueco del 9/11 , A treinta años de un diálogo necesario y Patria o plomo.
EN EL DOSSIER : ECONOMÍA CUBANA
Ver Portada de "EL DOSSIER"
El DOSSIER constituye un espacio de la revista que pretende ofrecer, en cada número, un conjunto de reflexiones acerca de alguna temática relevante. En este número se aborda el tema de la economía cubana.

Exponen sus opiniones los académicos Lorena Barbería, Pavel Vidal, Pedro Monreal, Carmelo Mesa-Lago y el laico católico Armando Mesa.

Ver Portada de "EL DOSSIER"
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Los salarios, los precios y la dualidad monetaria.
Por Pavel Vidal
- Economía cubana: retos y opciones.
- El problema económico de Cuba.

Por Pedro Monreal
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De las Entrañas de la Isla
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para el último número de la revista TEMAS, presentado el pasado 16 de abril .

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